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sábado, 3 de mayo de 2008

MIS HISTORIAS CORTAS DE SILENT HILL

Como lo prometido es deuda... continuo con las pequeñas historias de mi invención, relacionadas con el fascinante mundo de Silent Hill.
Aqui va la segunda... como podreis observar se trata de una precuela de la primera "Piedra, papel o tijera.
Sin más preambulos...

EL DÍA DEL PADRE

Sam y Robert Reynolds son dos hermanos gemelos que no han tenido mucha suerte en esta vida, a sus treinta y cinco años vagan de trabajo en trabajo y de cama en cama, como de ropa interior te cambias. No son malas personas, simplemente les gusta vivir la vida al máximo. No siempre fue así, tuvieron varias relaciones que no salieron bien y volvían una y otra vez a casa de su madre. Esta temporada tocaba “mami”.

La pobre mujer se había quedado viuda hace unos diez años, Jack Reynolds era un hombre muy querido en la zona, fue un gran varapalo para todos, su muerte. El pobre hombre lucho durante años contra una terrible enfermedad que al final no pudo vencer, toda su familia estuvo a su lado hasta el final, excepto Sam y Robert que prefirieron irse de copas, igual esa era su manera de amortiguar el dolor, eso no gusto mucho en la familia sobre todo a su hermana pequeña. Sobre todo porque el día que murió, era el día del padre.

Como todos los veranos en estas fechas, los hermanos se preparaban para la acampada que siempre hacían, solo era un fin de semana pero era un ritual que todos lo años se repetía desde que eran unos adolescentes. Siempre escogían lugares cercanos, no les gustaba mucho irse muy lejos, este año tocaba, los bosques Iwayta, que se encontraban muy cercanos a un pueblo llamado Silent Hill.

-CASA DE LA MADRE-

Su madre como todos lo años correteaba de un lado para otro, cerciorándose de que lo llevaran todo, siempre se ponía muy nerviosa cuando sus hijos se iban de acampada.

-Mama-

¿Estáis seguros de que lo lleváis todo?

-Sam-

Claro que si mama, tu estate tranquila, solo nos vamos un par de días y el lugar no esta muy lejos, si nos olvidamos algo no pasara nada.

-Robert-

Ya, pero procura que eso no ocurra, recuerda que tu te encargas de los pertrechos.

-Sam-

Ya lo se tío, no hace falta que me lo recuerdes a todas horas.

Metieron todo lo necesario en la parte de atrás de la vieja furgoneta Ford de 1985, la cual Robert cuidaba como si fuera su propia vida. Tras meterlo todo en la furgoneta, su madre se acerco a ellos, y como venia haciendo desde que eran niños les planto un fuerte beso en la frente a cada uno.

-Robert-

Ay mama, siempre estas igual, no ves que ya no somos niños.

Los dos hermanos se metieron en la furgoneta, eso si Robert como conductor, no le gustaba nada que otra persona conduzca a su vieja amiga, y mucho menos su hermano el cual era todo un desastre en la conducción. Se pusieron en marcha y como era costumbre Sam saco su paquete de tabaco enterito y empezó a fumar cigarro tras cigarro, también se trajo consigo una vieja cinta de “Supertramp”, era un grupo que le encantaba, como siempre lo puso a todo volumen.

-Robert-

Joder tío, quieres bajar eso, no se como puedes estar escuchando esa cinta una y otra vez.

-Sam-

Vale, vale ya lo bajo, no hace falta que te pongas así.

Bajo el volumen del radiocassete, y lo puso algo mas bajito, Robert lo miró e hizo un gesto de indiferencia. Tras dos horas de carretera y dos paquetes de tabaco ya casi terminados, llegaron a un cruce que dividía la carretera entonces se pararon.

Izquierda a 2KM montes Iwayta Derecha a 1KM Silent Hill

Robert miro la guantera y se hizo con el último cigarrillo que quedaba y lo prendió

-Robert-.

¿Solo queda este? ¿Cómo es posible? Cuando salimos de casa teníamos dos cajetillas enteras, y eran una para cada día, y tu te las has fumado en dos horas, maldito gilipollas.

-Sam-

Lo siento tío, siempre me pongo muy nervioso cuando voy en coche, y se me ha ido un poco la mano.

-Robert-

Ahora no tenemos nada y nos quedan dos días por delante, menos mal que tenemos cerca este pueblo llamado Silent Hill, supongo que tendrán tabaco, pero por culpa tuya ya vamos a perder un tiempo precioso.

Arrancaron la furgoneta y cogieron el camino de la derecha, tras unos minutos de marcha y el gran cartel que anunciaba en grande “Bienvenidos a Silent Hill” en sus narices, la fiable furgoneta hizo un ruido extraño y se paro. Los dos hermanos salieron del coche a toda prisa, y comprobaron la gran cantidad de humo que salía del motor.

-Robert-

Joder, ahora esto, maldita furgoneta.

-Sam-

Ya te dije muchas veces que cambiaras de coche, que esta se caía a cachos, pero como nunca me haces caso.

-Robert-

Te quieres callar de una puta vez, creo que solo es un calenton, un poco de agua y una hora de relax y estará como nueva, mientras tanto nos acercaremos al pueblo y compraremos algunas cosas… que por tu culpa ya no tenemos.

-SILENT HILL-

Tras caminar cien metros, los hermanos entraron en el pueblo, la niebla lo cubría todo y apenas podían verse el uno al otro, también se fijaron que algo les caía del cielo y no era precisamente lluvia, ¿ceniza? ¡no puede ser!

-Sam-

¿Que esta pasando aquí hermano? Es todo muy extraño, esta niebla…

-Robert-

Tranquilízate seguro que no es nada, probablemente a habido un incendio en los bosques cercanos y el humo y la ceniza han llegado hasta aquí.

Siguieron caminando durante unos minutos, y nada… ni una sola persona se encontraron, además las viviendas y edificios parecían estar abandonados. Entonces gritaron

-Sam y Robert-

¿Hay alguien ahí?

Pero nada, solo el eco les contesto.

-Robert-

Muy bien, volvamos al coche, no me gusta nada este sitio.

Los dos hermanos volvieron según sus pasos y tras varios minutos caminando se encontraron con un inmenso precipicio que les cortaba la retirada.

-Sam-

Esto no estaba aquí antes, ¿Qué coño esta pasando aquí? No podemos salir.

-Robert-

¡Cállate de una vez! esta oscureciendo y empieza a bajar la temperatura alarmantemente, tenemos que encontrar un sitio donde resguardarnos, mañana ya pensaremos que hacer.

Caminaron y caminaron por una larga calle llamada Matheson St, intentando entrar por algunas puertas la cuales siempre permanecían cerradas. De repente el sonido de una sirena hizo helar sus corazones, sonaba como las que se escuchaban en la segunda guerra mundial cuando se producían los bombardeos. Se pararon y miraron fijamente si saber que decirse atenazados por miedo.

De repente una sombra entre la niebla se fue acercando, lenta pero constante, ellos se percataron y le preguntaron.

-Sam-

¡Hola! ¿Nos puede ayudar? No sabemos que esta pasando aquí, y no podemos marcharnos.

La sombra se acerco más y más, hasta que estuvo cara a cara con los muchachos, un escalofrió recorrió sus cuerpos ¡no podía ser verdad lo que estaban viendo ¡su padre!

-Robert-

¡Papa! ¿Papa? No puede ser, esos es imposible tu estas muerto.

-Sam-

Es verdad, estas muerto, ¿Qué coño haces aquí?

-Padre-

No lo se hijos míos

-Robert-

Pero tú estas muerto ¿Cómo es posible? ¿Dónde coño estamos papa y que esta pasando aquí?

-Padre-

No se porque estoy aquí, pero si recuerdo vagamente este lugar, mi infancia…

Jack Reynolds había pasado parte de su infancia en un bonito pueblo llamado Silent Hill, jugaba con sus compañeros de clase sin ninguna preocupación, sin duda había pasado bonitos ratos de su infancia en aquel lugar. Hasta que un día sus padres decidieron mudarse de allí de una manera precipitada, el lloro, pataleo y grito porque no quería dejar aquel lugar donde lo pasaba tan bien. Sus padres no le dieron explicación ninguna y solo cuando ya tenia veinte años y le dio por sacar el tema, sus padres le comentaron que se marcharon para salvar sus vidas por algo relacionado con un culto.

-Sam-

Nos tenemos que ir de aquí papa, esto se esta poniendo muy feo.

-Padre-

Yo no me puedo ir de aquí hijos míos, pero vosotros aun si, yo os guiare a la salida.

El hombre empezó a caminar lentamente y sus hijos le siguieron si ningún reparo.

Tras varios minutos caminando por la espesa niebla, que parecieron horas, las tres figuras llegaron a una especie de iglesia, subieron por las escaleras de la entrada y se dispusieron a entrar.

-Robert-

Pero esto es…

-Padre-

Tranquilo hijo, la salida es por aquí, solo se eso.

-LA IGLESIA-

Entraron en aquella maldita iglesia, el aroma era nauseabundo y la tensión hasta se podía palpar. Parecía una iglesia normal, el único cambio a simple vista eran aquellos símbolos paganos que adornaban todo el lugar. Siguieron avanzando, y se metieron en un confesionario, para sorpresa de los hermanos allí había una puerta, su padre la abrió y lograron meterse a duras penas por lo pequeña que era. Aquella zona era aun peor, los gritos, lloros y lamentos, resonaban por todo el lugar. Los hermanos se miraron a los ojos pero siguieron confiando en su padre. Avanzaron por un gran pasillo, hasta que llegaron a una gran puerta roja, el padre abrió la puerta y se metió en su interior, los dos hermanos dudaron por un segundo y al final le siguieron. Nada más entrar se fijaron en lo bonita, limpia y pulcra que estaba la habitación, cosa que desentonaba con lo que habían visto hasta ahora, sin duda se trataba de la habitación de una niña, había posters y dibujos pegados por las paredes, incluso pudieron leer lo que ponía uno de ellos en su parte baja, dibujado por Alessa. Rápidamente se percataron de la ausencia de su padre.

-Sam-

¡Papa! ¿Papa donde estas?

-Robert

¡Que cojones pasa aquí! ¡Papa! ¡Papa!

Una figura tomo forma detrás de ellos, se volvieron y miraron horrorizados el cuerpo que avanzaba hasta ellos; viejo, decrepito, por cada movimiento que hacia su piel, músculos y huesos se deshacían irremediablemente. Una voz interrumpió el drama.

-Voz del padre-

Lo siento mucho hijos míos, ellos me han obligado, no soy una marioneta mas de este infierno en el que me encuentro atrapado.

-Sam y Robert-

¡Papa nooooooo!

La figura siguió avanzando intentando decirles algo mediante movimientos, hasta que se convirtió en polvo.

De repente la puerta de la habitación se cerro de golpe provocando un estruendo aterrador.

Y ya no hubo nada…

Cuando estas en el infierno, todo te da igual… sean familia, amigos o simplemente conocidos, si puedes arrastrarlos los arrastraras…


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